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Cristiano Ronaldo logra histórico Hat-trick ante el Atlético

cristiano-ronaldoHat-trick de Cristiano Ronaldo para la historia. Real Madrid venció por 0-3 al Atlético de Madrid en el último derbi liguero del Vicente Calderón gracias a los tres tantos del portugués, que superó a Alfredo Di Stéfano como el máximo goleador merengue en el derbi madrileño con 18 tantos, y se mantiene como líder en la Liga.

El Atlético se presentó con su acostumbrada fiereza y determinación. Tenía demasiado en juego; el honor y media liga, por partes iguales. No quería perder ese halo de grandeza que le había conferido haber acabado con la paternidad merengue en la Liga, mucho menos en el último derbi liguero que se ha disputado en el Vicente Calderón. Y ni pensar en rezagarse en nueve unidades con respecto al líder; una distancia insalvable a corto plazo.

Pero en la cancha había un Real Madrid atípicamente funcional y un Cristiano Ronaldo que ha dejado de desquiciarse con el hambre para ponerse a trabajar.

Real Madrid por fin jugó con la intensidad que el técnico Zinedine Zidane lleva semanas implorando. Se defendió con orden y se mantuvo alerta, cauto, con esos balones filtrados al área que tanto daño hacen a las visitas en el Vicente Calderón. Demostró que, cuandoimporta, sabe jugar bien y hacer uso del sentido común. Las circunstancias obligaron a Zidane a desechar sus dibujos simplistas y jerárquicos.

Decidió, por fin, seguir el ejemplo de Diego Simeone explotando al máximo sus recursos y escondiendo sus carencias.

Así, el Atlético de siempre – incluido Fernando Torres, reservado tácitamente para los partios grandes – se topó con un Real Madrid, que a falta de cinco hombres importantes pues Benzema y Ramos no estaban listos para jugar 90 minutos, resultó positivamente irreconocible: con Cristiano Ronaldo solo en punta, ahí donde puede campar a sus anchas sin entorpecer la labor ajena, Isco unos cuantos pasos detrás, dos flechas en las bandas, Bale y Lucas Vázquez, y un doble pivote que cada vez se entiende mejor, Luka Modric y Mateo Kovacic, y que supo colaborar con la zaga para impedir dejarle espacios al Atlético de Madrid.

Real Madrid tardó poco en hacer de la cancha del Calderón su propio territorio, sordo a las arengas del público a los locales. Y Cristiano Ronaldo, que se la tenía guardada a los rojiblancos, no perdonó.

En el cobro de una falta, el portugués adelantó a los blancos al minuto 23. No fue, ni remotamente, un gol para enmarcar – y pudo, o no, pega en un defensa antes de colarse en la red – pero no menos válido. Y el portugués apenas empezaba.

El golpe enfureció a los rojiblancos – los que estaban en la cancha, y los 50 mil en la grada, que enmudecieron al ver el despertar de una fiera a la que creían domada – y pusieron empeño en llegar hasta Keylor Navas en busca del gol que les devolviera la vida. Poco a podo fueron recuperando terreno y durante más de 15 minutos sitiaron la portería merengue. Jugaban con el corazón en la mano, pero no servía de nada. Optimizaron su juego con más velocidad, energía y precisión al pase, pero no en el remate.

El Atlético desperdició una oportunidad tras otra en esos minutos en que el Madrid se limitó a hacer un pragmático control de daños y acabó por desesperarse. Con la desesperación llegaron la dureza excesiva y los errores que suelen causar daños irreparables. Uno de esos fallos lo que mató al cuadro rojiblanco, cuando el árbitro señaló un dudoso penal de Savic sobre Cristiano a 20 del final. Fue el propio portugués quien realizó el cobro para el 0-2.

La esperanza había abandonado a los colchoneros. Seis minutos después, la magia. También el espíritu combativo que los ha caracterizado el último lustro. Apagados, se desperdigaron por la cancha dejando todo el espacio para que Cristiano redoneara su noche firmando un triplete después de un contraatque magistral de Gareth Bale.

El estadio se empezó a despejar en ese momento. Zidane dio por terminada la función y se guardó al ‘7’, que por supuesto se llevó una rechifla generalizada, mientras los hombres de Simeone, sin más alma que dejarse en la cancha, no pudieron más que contar los segundos de tortura que tenían por delante y contemplar el vació. ESPN

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