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La desvergüenza de una prensa parcializada

Por Mel Adames

Aunque el proceso electoral en los Estados Unidos arribaría a su conclusión hace ya un poco más de una semana, las preocupaciones que subyacieron durante la campaña electoral norteamericana, aun persisten.

En los días que seguirían a las elecciones del 8 e Noviembre, la situación ha cobrado visos de enajenación social entre algunos sectores. La Academia Nacional de Pediatría de los EE.UU. emitiría recientemente una advertencia en la cual se instruía a los padres en cuanto a la posibilidad de que sus niños pudieran experimentar algún tipo de «perturbación psicológica», dada la eventual gestión presidencial del señor Trump.

Persiste igualmente un número de temores y falsas conclusiones. Inicialmente, cuando aún se procesaba el conteo de votos, muchos, en un despliegue de irresponsabilidad y sensacionalismo, comenzarían a emitir toda una serie de pronunciamientos lúgubres en cuanto a este o aquel desenlace, en el que pudieran terminar—según estos últimos—los resultados de los comicios en los EE.UU.

Muchos, desenfrenadamente, comenzarían a proferir toda una gama de malas interpretaciones en cuanto a la caída momentánea de la Bolsa de Valores y sus proyecciones de valores futuros.

Lo cierto es que la Bolsa de Valores, así como todas aquellas instituciones financieras alrededor del mundo, experimentan siempre este tipo de reajustes económicos, ante los prospectos de la incertidumbre o la inseguridad.

Solo que la momentánea inestabilidad mostrada por los mercados bursátiles en ese día no tenia mucho que ver con las elecciones en sí mismas, sino con el clima de inseguridad que podría haberse suscitado, si el resultado del conteo de los votos, hubiera descendido a una situación legal similar a la que los comicios del año 2000, en la que estos terminarían siendo decididos por la Suprema Corte de Justicia.

Con la caída temporal de los valores bursátiles, el mercado solo reflejaba los temores que nacían de un posible resultado electoral en el que el conteo, fuera cerrado e impredecible.

Es claro que eso fue posible, gracias a la prematura «coronación» por parte de la prensa norteamericana de la señora Hillary R. Clinton, como la ganadora de los comicios—ya que de acuerdo a todas las «encuestas» y «sondeos de opinión pública», ella era la indiscutible favorita.

En la mañana del 9 de Noviembre, cuando se hicieran públicos los resultados, los mercados se dispararían en una frenética alzada que se ha mantenido hasta el momento cuando se escribiera la presente columna.

El alza de los mercados bursátiles que se suscitaría en los días inmediatos a los resultados de los comicios norteamericanos, igualmente lanzaría a los Mercados de Wall Street a sus más altos niveles en más de 14 años.

A pesar de toda la amañada evaluación en cuanto al estado del electorado norteamericano, formulada por la prensa estadounidense, lo que sí ha quedado bien claro es el profundo desdén mostrado en las urnas por ese electorado, hacia la prensa-estatal que actualmente opera en la Gran Nación del Norte.

Contrario a toda la desinformación y decepción—las cuales están inherente en la «información» que llega a los países extranjeros en cuanto a la política y sociedad norteamericanas—el electorado norteamericano tomo la determinación de no ser controlado y vapuleado por una prensa la cual no es más que un conglomerado corrupto y parcializado.

La parcialización y corrupción de las cadenas CBS, NBC, Telemundo, Univisión, CNN, MSNBC y demás, solo se hace patente cuando quien ocupa la Casa Blanca es un republicano. Así que en ese sentido la parcialización y corrupción de la prensa estadounidense está directamente ligada a la cosmovisión liberal de izquierda, e inevitablemente, al Partido Demócrata.

Los abrumadores resultados de las elecciones, en las que el señor Trump fuera elegido, a pesar de la oposición que contra él montaran la prensa, el Partido Demócrata, la Izquierda Liberal, y el tristemente célebre «establishment» dentro el Partido Republicano mismo, ulteriormente vendrían a ser un repudio absoluto y abrumador de la manipulación y el chantaje periodístico, a los cuales el electorado de los Estados Unidos ha estado sometido por mucho tiempo.

¡Enhorabuena!

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