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Nuestros sistemas carcelarios

Por Marino Ramírez Grullón

Como en otras áreas institucionales en nuestro país hay más de un sistema carcelario, lo que hace más confuso el plan de supuesta regeneración de los imputados preventivos o condenados que pudieran estar detrás de las rejas.

Veamos: tenemos el que se suele llamar “viejo sistema” carcelario que corresponde al más corrupto implementado durante mucho tiempo y son las cárceles famosas como La Victoria, Najayo, 15 de Azua y otras del mismo nivel.

Tenemos las que manejan los militares que aunque están tipificadas dentro del viejo sistema, estas tienen  sus propios mecanismos dentro de recintos donde ni siquiera puede entrar el director general de prisiones que regularmente es un miembro de las fuerzas armadas, quizás para cubrir las apariencias.

Luego ubicamos el que llamamos el  “nuevo sistema” que son las cárceles cinco estrellas preferiblemente para envejecientes y delitos menores pero a las que quieren ir todos los que tienen buenas relaciones estructurales o la suerte de llegar allí porque se vive mejor.

Dentro de los dos sistemas carcelarios tipificados el “viejo sistema” convive con lo más vil de los imputados, allí aparece la figura del preboste, las drogas, armas de fuego, negocios de comidas, prostitución y todo lo que se pueda conseguir dentro de un “barrio” entre cuatro paredes como justificó a esa podredumbre un director de prisiones cuyo nombre no quiero recordar.

La delincuencia más rancia no quiere abandonar esos recintos aunque se les proponga otra cosa porque de eso malviven abusando de los presidiarios que por una razón u otra cometieron un delito penal y caen en el viejo sistema porque no tiene recursos para moverse al nuevo sistema carcelario.

Lo que llaman el nuevo sistema es el punto que prefieren los reos adinerados, además de que sus recintos están en zonas cercanas a las urbanas donde familiares, amigos y socios puedan acceder con facilidad.

Allí la vida carcelaria es más llevadera y hasta se puede salir un viernes y regresar el lunes temprano, siempre con la anuencia de alguna autoridad de turno.

Ante una situación como está el problema es si realmente el presidiario de las cárceles dominicanas está en un sistema de regeneración o de degeneración.

Históricamente nuestros presidiarios son hombres y mujeres que tienen un costo económico altísimo para el presupuesto de la Procuraduría General de la República.

Estos son almacenes de gente que no tiene ningún futuro dentro de la sociedad cuando cumple condena.

Pocos se regeneran, solo los que ponen su propio interés porque el sistema en ambos lados está diseñado sólo para que los presos pasen el tiempo a ver si sobreviven a su condena.

En esas condiciones, algunos los que más pueden siempre tienen la intención de burlar el sistema porque al fin y al cabo ese mismo mecanismo carcelario no tiene moral para existir.

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