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Caiga quien caiga…

Aunque acuñado para el tema Odebrecht y su mediatizado proceso judicial, la frase de caiga quien caiga también debe aplicarse para dilucidar lo acontecido con el dirigente comunitario Juan Comprés, apresado el pasado día 3 en Moca y donde los hechos y la versión oficial no encajan.

Situaciones que empezaron cuando a Comprés, a quien también le llaman Guanchy o el peregrino y que es uno de los gestores provinciales de la denominada Marcha Verde, le habría sido ocupada una porción de un polvo blanco presumiblemente cocaína pero que según denuncia de la redes sociales y avalada por un video, fue colocada por los agentes actuantes.

El detenido dice que mientras estuvo bajo investigación fue torturado por la Policía algo que toma fuerza por la existencia de dos certificados médicos, uno (555-17), emitido  al momento de su apresamiento donde se hacía constar que no tenía ningún tipo de traumas y el otro (605-17), realizado tres días después, estableciendo que  el prevenido presentaba “hematomas múltiples por traumas contusos”.

Vale destacar que ambos documentos los firma el mismo médico legista…

La Policía ha dispuesto de una investigación donde de forma provisional han sido suspendido los agentes involucrados y lo propio a hecho el Ministerio Público que garantiza llevar todo hasta las últimas consecuencias y que no solicitó prisión como medida coerción para el imputado.

El asunto es que de comprobarse cierto lo que hasta ahora parece cierto, el castigo debe caer también sobre la mente calenturienta y prepotente que fue capaz de fraguar un plan tan reprobable, estúpido y chapucero el que cual boomerang,  solo echa lodo innecesario al gobierno al tiempo de avivar una flama que, ya contaminada, venía por si sola perdiendo “verdor”.

Si se demuestra que a Comprés le quisieron poner un gancho mediante la colocación de drogas, las sanciones deben ser ejemplarizadoras pero no bajo el criterio de la cuerda, que siempre rompe por el lado más débil.

Esto porque aunque deleznables e injustificables, los policías reciben y ejecutan órdenes que a veces no provienen solamente de uniformados. Este apunta a ser un caso donde habrá muchas  preguntas que responder, pero que hay que esperar a que concluya la investigación para hacerlas.

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